Cada vez son más los estilos de yoga que se crean, olvidando cual es el objetivo de esta ciencia. Se piensa que es un ejercicio de tonificación, de relajación, o para aliviar los dolores de espalda. Más allá de eso, y de la imagen de que es solo “hacer posturas”, el yoga es una ciencia sagrada, venida de India y creada desde un conocimiento intuitivo más allá del intelecto por los sabios de la antigüedad, en la cual siempre han estado presentes las técnicas de respiración y la meditación. Es una ciencia de unión del cuerpo, la mente y el alma, con el objetivo de descubrir el Ser, de despertar de este sueño en el que vivimos y unirnos a los que somos: el Uno, la Conciencia Cósmica.

En esta ciencia, se entiende el cuerpo, no solo como el cuerpo físico, sino como un conjunto de cuerpos sutiles y chakras, en interrelación constante con el cuerpo físico, siendo éste el “manifestador” de lo que pasa a otros niveles.

Chakra es una palabra sánscrita que significa rueda o vórtice y hace referencia a los centros de energía que componen nuestra consciencia y nuestro sistema nervioso.

Estos chakras  o centros de energía, funcionan como bombas o válvulas y regulan el flujo de energía a través de nuestro sistema energético. El funcionamiento de los chakras refleja las decisiones que tomamos al reaccionar ante las circunstancias de nuestra vida. Abrimos y cerramos estas válvulas cuando decidimos qué pensar y que sentir, cuando escogemos el filtro perceptivo a través del que queremos experimentar el mundo que nos rodea, así como con nuestros hábitos de vida, con la alimentación, tabaco, alcohol y drogas.

Los chakras no son físicos. Son aspectos de nuestra conciencia, como las auras. Interaccionan con el cuerpo físico a través de dos vehículos principales: el sistema endocrino y el sistema nervioso. Cada uno de los siete chakras principales está asociado a una de las siete glándulas endocrinas, y a su vez con un grupo de nervios llamado plexo. De este modo, cada chakra puede asociarse a partes y funciones concretas del cuerpo controladas por el plexo o por la glándula endocrina asociada a dicho chakra.

El alcohol, más allá del uso sagrado que se hacía en diferentes culturas ancestrales, actúa directamente en los chakras desequilibrándolos, así como en los cuerpos sutiles, haciéndolos más débiles. El uso de alcohol, en cualquier forma, afecta más severamente al centro cardíaco. Conforme el chakra cardiaco se bloquea, la energía queda fijada en los tres chakras inferiores, que gobiernan la autoestima, la sexualidad y la seguridad. Adicionalmente a sus efectos sobre el chakra corazón, el consumo de alcohol también afecta a los chakras de la garganta y el tercer.

Es indispensable reparar los daños producidos por el bloqueo de energía en los cuerpos sutiles. Todos los chakras deben ser limpiados, particularmente el chakra corazón. 

El yoga. junto con un estilo de vida sano, fisica y mentalmente, ayuda a desbloquear y equilibrar los chakras, provocando también que los cuerpos sutiles se engrosen y estén “fuertes”. Automáticamente se impide que se filtre cualquier influencia negativa, el cuerpo físico se vuelve más sano, y la mente más feliz y clara. Cuando hay desequilibrio estos cuerpos sutiles se vuelven más “débiles”, volviéndose más vulnerable a todo lo que pasa alrededor y dentro de tí.

Tras conocer los efectos del yoga y del alcohol, es fácil deducir que el uso de alcohol, en cualquier forma, “inofensiva” o no, disminuye, llegando a poder anular directamente, los beneficios energéticos que se producen por la práctica del yoga, afectando en último término al cuerpo físico y a la mente.

Como siempre, cada uno debe de vivir su propia experiencia, mas es recomendable informarse de los efectos que produce en uno mismo y en su bienestar todo lo que haga.

Aruna – Profesora de Yoga A. Merkhaba

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